F1 Closeteado

Enero 2026 IMPORTANTE! FALTAN DISEÑAR ESTAS SECCIONES: ¿Qué es Kago? Números anteriores APOYÁ LA INICIATIVA F1 closeteado (nota: este texto fue escrito en Noviembre de 2024). Si tu vida perdió sentido y te querés tirar de un edificio, es probable que te hagas pulpa contra el pavimento con un impacto de entre 4 a 5 g. Es decir que vas a estrellarte con una fuerza cuatro o cinco veces superior al peso de tu cuerpo. Es obvio que esa medida depende de distancias reales, velocidades iniciales y/o cosas se te puedan interponer (cables, ramas, tal vez un bicho volador o por qué no, capaz otro suicida estropeado igual que vos, ja) pero a grosso modo si querés calcular el enchastre que vas a terminar siendo lo podés hacer dividiendo el peso de tu cuerpo por la aceleración debida a la fuerza de gravedad, que es aproximadamente de 9.81 m/s al cuadrado. En la madrugada del sábado 23 de Noviembre de 2024 Franco Colapinto estaba yendo a una velocidad prácticamente imposible cuando su rueda delantera izquierda golpeó una curva que le generó un efecto rebote tipo bola de pinball y su auto estalló contra la pared contraria. Lo hizo a más de 50 g de fuerza. Podrás deducir que el accidente fue, en esencia, inconcebible para un ser humano. Así, apenas el auto dejó de arrastrarse en un mar de chispas, y por unos pocos segundos, todo fue angustia y horror porque baia baia, de pronto todos dimensionamos que después de todo había un nene de 21 años manejando un monstruo. Y ese nene no salía del cockpit. Se exhaló con alivio, al fin, una vez que las cámaras mostraron al casco en movimiento. Luego el flaco salió de la cabina, caminó medio groggy mirando el amasijo de fibra de carbono del que había salido y lo que siguió fue una pose bien Shinji Ikari de desesperanza total. Y sí, 21 años. Por cierto, si estás leyendo esto en el newsletter de un dibujante que pocas o nulas veces hizo referencias automovilísticas capaz te preguntes “¿y a este pelón qué bicho le picó ahora?”. Ojo, puede que también te preguntes por qué no incendiamos la quinta de Olivos o por qué no le rebanamos los huevos a Adorni. La vida nos hace preguntarnos muchas cosas. Pero sí, mi ciela, este es el día donde puedo confesarte que la Fórmula 1 me interesó, a veces más, a veces menos, desde siempre. Corte a: Pocos recuerdos tan vívidos como ir a mi primera carrera de Turismo Carretera. Yo todavía no decidía sobre mi propio corte de pelo así que no puedo recordar cómo llegué ahí, pero vaya que sí me acuerdo de EL RUIDO. Uff, ese hermoso y democrático ruidazo de autos expeliendo humo de dinosaurios deconstruidos estremeciendo tanto mi cuerpito como a toda la flora y fauna del sector donde estábamos con mi viejo. Qué decirte, es mi primer indicio de algo llamado belleza. En efecto, gracias a mi viejo me crié con domingos ruidosos, tanto in situ como a través de los parlantitos desconados del Philco de veinte pulgadas, con Carburando a pleno o bien con Canal 5 y sus transmisiones de F1 con el eterno Tornello relatando. ¿Mi papá? Laburaba 12 horas por día, seis días a la semana. Ergo, cuando quería relajar su obvia elección era disociarse viendo autos en loop. Y era megafan de Ferrari, POR SUPUESTO. Imagínense que a uno de sus perros le puso Schumi, jaja. Cuestión es que como al tipo lo veia poco me sumé a su pelotudez no entendiendo nada pero descubriendo emocionalidades locas de su parte: ponele que habré tenido 10 u 11 años y lo ví emocionadísimo cuando Alain Prost pasó de correr de McClaren al Cavallino Rampante. Más luego, con el ingreso de Schumacher a la escudería a mediados de los 90s se inició la era dorada y como le pasó a cualquier tifosi durante esas épocas mi papá estaba en la gloria. Con esta data es claro intuir que el chabón “odiaba” a Ayrton Senna, El Adversario, pero bien que se le frunció el opi cuando al brazuca en San Marino se le metió un caño de suspensión por el casco y básicamente le destrozó el cráneo en la que fuera una de las fechas más trágicas de la historia del automovilismo reciente (ya que no solo murió Senna sino también Ronald Ratzenberger en las fases de clasificación del día anterior). Lo recuerdo muy bien porque ví en vivo el momento exacto en el que Senna se hace MEGAPIJA en la fatídica Curva Tamburello. Ese domingo mi papá guardó un respetuoso silencio y por el resto del día no hubo nada que festejar. Era menester duelar porque no había nadie como El Adversario. Siempre hay que respetar a quien pueda plantarte cara. La importancia de esa muerte y de la pasión de mi viejo las pude dimensionar con el tiempo. O sea, como dije antes yo no entendía un pingo, solo veía autitos de colores correteando al pedo y mi papá estaba demasiado absorto o en furor extático como para tirarme la data básica. Recién aprendí los yeites por mi cuenta viciando en secreto los videojuegos de F1 en la PC 386 de la casa (juegos que eran super-precarios pero al menos respetaban casi todas las reglas de la competencia real). Paréntesis: recién escribí “en secreto” porque los videojuegos estaban prohibidos en casa. Pero vamos, que el tipo laburaba 12hs por día. Mirá si se iba a enterar que le instalaba el Grand Prix Unlimited, jaja. Sea como sea, así se me enciendió el afán de saber qué onda con los pilotos, las escuderías y la vasta historia de la categoría: siendo gamer. No había internet como para wikipediar y aprendí sobre la marcha y a los tumbos. Fue muy gracioso cuando nomeacuerdo en qué carrera largué un comentario al pasar sobre nomeacuerdo qué piloto y mi viejo me miró anodadado. Se ve que le pegué a algun

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