Enero 2026
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(nota: este texto fue escrito en Noviembre de 2024).
Si tu vida perdió sentido y te querés tirar de un edificio, es probable que te hagas pulpa contra el pavimento con un impacto de entre 4 a 5 g. Es decir que vas a estrellarte con una fuerza cuatro o cinco veces superior al peso de tu cuerpo. Es obvio que esa medida depende de distancias reales, velocidades iniciales y/o cosas se te puedan interponer (cables, ramas, tal vez un bicho volador o por qué no, capaz otro suicida estropeado igual que vos, ja) pero a grosso modo si querés calcular el enchastre que vas a terminar siendo lo podés hacer dividiendo el peso de tu cuerpo por la aceleración debida a la fuerza de gravedad, que es aproximadamente de 9.81 m/s al cuadrado.
En la madrugada del sábado 23 de Noviembre de 2024 Franco Colapinto estaba yendo a una velocidad prácticamente imposible cuando su rueda delantera izquierda golpeó una curva que le generó un efecto rebote tipo bola de pinball y su auto estalló contra la pared contraria.
Lo hizo a más de 50 g de fuerza.
Podrás deducir que el accidente fue, en esencia, inconcebible para un ser humano. Así, apenas el auto dejó de arrastrarse en un mar de chispas, y por unos pocos segundos, todo fue angustia y horror porque baia baia, de pronto todos dimensionamos que después de todo había un nene de 21 años manejando un monstruo. Y ese nene no salía del cockpit.
Se exhaló con alivio, al fin, una vez que las cámaras mostraron al casco en movimiento. Luego el flaco salió de la cabina, caminó medio groggy mirando el amasijo de fibra de carbono del que había salido y lo que siguió fue una pose bien Shinji Ikari de desesperanza total. Y sí, 21 años.
Por cierto, si estás leyendo esto en el newsletter de un dibujante que pocas o nulas veces hizo referencias automovilísticas capaz te preguntes “¿y a este pelón qué bicho le picó ahora?”. Ojo, puede que también te preguntes por qué no incendiamos la quinta de Olivos o por qué no le rebanamos los huevos a Adorni. La vida nos hace preguntarnos muchas cosas.
Pero sí, mi ciela, este es el día donde puedo confesarte que la Fórmula 1 me interesó, a veces más, a veces menos, desde siempre.
Corte a:
Pocos recuerdos tan vívidos como ir a mi primera carrera de Turismo Carretera. Yo todavía no decidía sobre mi propio corte de pelo así que no puedo recordar cómo llegué ahí, pero vaya que sí me acuerdo de EL RUIDO. Uff, ese hermoso y democrático ruidazo de autos expeliendo humo de dinosaurios deconstruidos estremeciendo tanto mi cuerpito como a toda la flora y fauna del sector donde estábamos con mi viejo. Qué decirte, es mi primer indicio de algo llamado belleza.
En efecto, gracias a mi viejo me crié con domingos ruidosos, tanto in situ como a través de los parlantitos desconados del Philco de veinte pulgadas, con Carburando a pleno o bien con Canal 5 y sus transmisiones de F1 con el eterno Tornello relatando. ¿Mi papá? Laburaba 12 horas por día, seis días a la semana. Ergo, cuando quería relajar su obvia elección era disociarse viendo autos en loop. Y era megafan de Ferrari, POR SUPUESTO. Imagínense que a uno de sus perros le puso Schumi, jaja.
Cuestión es que como al tipo lo veia poco me sumé a su pelotudez no entendiendo nada pero descubriendo emocionalidades locas de su parte: ponele que habré tenido 10 u 11 años y lo ví emocionadísimo cuando Alain Prost pasó de correr de McClaren al Cavallino Rampante. Más luego, con el ingreso de Schumacher a la escudería a mediados de los 90s se inició la era dorada y como le pasó a cualquier tifosi durante esas épocas mi papá estaba en la gloria.
Con esta data es claro intuir que el chabón “odiaba” a Ayrton Senna, El Adversario, pero bien que se le frunció el opi cuando al brazuca en San Marino se le metió un caño de suspensión por el casco y básicamente le destrozó el cráneo en la que fuera una de las fechas más trágicas de la historia del automovilismo reciente (ya que no solo murió Senna sino también Ronald Ratzenberger en las fases de clasificación del día anterior). Lo recuerdo muy bien porque ví en vivo el momento exacto en el que Senna se hace MEGAPIJA en la fatídica Curva Tamburello. Ese domingo mi papá guardó un respetuoso silencio y por el resto del día no hubo nada que festejar. Era menester duelar porque no había nadie como El Adversario. Siempre hay que respetar a quien pueda plantarte cara.
La importancia de esa muerte y de la pasión de mi viejo las pude dimensionar con el tiempo. O sea, como dije antes yo no entendía un pingo, solo veía autitos de colores correteando al pedo y mi papá estaba demasiado absorto o en furor extático como para tirarme la data básica. Recién aprendí los yeites por mi cuenta viciando en secreto los videojuegos de F1 en la PC 386 de la casa (juegos que eran super-precarios pero al menos respetaban casi todas las reglas de la competencia real).
Paréntesis: recién escribí “en secreto” porque los videojuegos estaban prohibidos en casa. Pero vamos, que el tipo laburaba 12hs por día. Mirá si se iba a enterar que le instalaba el Grand Prix Unlimited, jaja. Sea como sea, así se me enciendió el afán de saber qué onda con los pilotos, las escuderías y la vasta historia de la categoría: siendo gamer. No había internet como para wikipediar y aprendí sobre la marcha y a los tumbos. Fue muy gracioso cuando nomeacuerdo en qué carrera largué un comentario al pasar sobre nomeacuerdo qué piloto y mi viejo me miró anodadado. Se ve que le pegué a algun dato diciendo eso, qué se yo. “¿Y vos cómo sabés eso?”, me preguntó. “De los videojuegos”, le dije. Je.
Por supuesto, esa avidez me duró lo que un pedo en un canasto. Siendo adolescente borrachín comenzó a parecerme un completo fastidio escuchar esos motores de mierda de fondo con mil resacas encima casi todos los domingos. Lo siento, viejo, sos imbancable.
Y bué, conforme pasaron los años el interés entró en fade out. Me enteraba de cosas acá y allá de manera pasiva, como quien abre la heladera para encontrarse el mismo limón cajeteado.
Una cosa fue llevando a la otra y hubo un punto en el que no tenía ni cable ni tele, así que la F1 directamente pasó a chuparme un huevo.
Corte a:
Es el mediodía del sábado 23 y aún no hay parte médico. El impacto fue muy grave y queda en manos de la junta de doctores de la FIA decidir si corre o no.
Mientras tanto, Williams está al horno debido al dichoso Budget Cap, el dictamen de la FIA que impone un techo presupuestario para cada escudería, algo que a priori se pensó para que haya paridad entre equipos pero que con el tiempo terminó siendo un chiste. Cuestión es que faltando solo tres carreras para el final del campeonato el choque de Colapinto implica que Williams está a tres atados de puchos de agotar su presupuesto anual, lo que supone que incluso reparando el auto la escudería de todos modos no podría afrontar más gastos en caso de que sus corredores tengan otro accidente.
Así, la tensión es real por varios frentes. De momento toca esperar.
Corte a:
Ya siendo cuarentón la alienación se expandió a niveles muy poco felices. Por fuera de las horas/culo en el tablero para pagar la renta, me pasé tres pueblos de obse y no podía leer un comic sin tratar de depredarlo hasta llegar a su quantum. No podía escuchar un disco sin desgranarlo compulsivamente. No podía ver una película sin desarmarla como si fuera un electrodoméstico. Y con todo así. No había calma, no había relajo, no había paz. Mientras tanto mi cabeza, entre el tinnitus, las migrañas y los pensamientos invasivos, era un hervidero constante de mierdas en glitch.
Transferencia va, transferencia viene, mi terapeuta deslizó la idea de que quizá estaba demasiado ensimismado en el loop de auto-explotación creativa. Como no fue la única persona que me hizo esa inception, tarde o temprano se volvió crucial pensar algo al respecto. Lo que se me presentó entonces fue una consigna más bien simple: la posibilidad de buscar actividades que no tuvieran que ver con mi órbita creativa. O sea, expandir mi taradez a intereses que probablemente en otro momento me hubieran chupado un huevo. A fuero interno no sólo acepté el desafío sino que además me autoimpuse una cláusula: esas actividades, sean cuales fueran, debían sin embargo convocarme, generarme un entusiasmo. No hacerlas por hacer como quien hace una cola en el Rapipago.
Fue así que el aprender a cocinar más y mejor fue la primera opción de la consigna. Y no solo cocinar “rico y variado”, sino tomarme la labor como un ritual copado donde no pensar por una hora o dos… o solo pensar en lo que se está haciendo en ese exacto momento. Laborterapia pura y dura.
En ese proceso de boludear con recetas e intentar flashear comidita rica cocinaba con un disquito de fondo o con algún programa de stream. Aún no pagaba el Youtube Premium, por ende el avasallamiento de publicidades era abrumador.
Y bueno, en cierta noche de pleno meollo cocinero una de esas publicidades fue la de Drive to survive, la docuserie de Netflix en donde cada temporada es un repaso del campeonato de F1 del año anterior. Como estaba en un hiato de series le dí play al primer capítulo y lo miré durante la cena.
Y ahí arrancó la segunda opción de la consigna.
Corte a:
Mientras los médicos se hacen esperar de pronto pienso que a los que no son habitués en este deporte probablemente les cueste entender la importancia de Colapinto corriendo en la que es la categoría más imperativa de todas. Bah, ni yo lo entiendo del todo (igual mi caso no cuenta porque soy solo un “entusiasta”. Ni ignorante absoluto ni megafan hediondo. Justo ahí en el ecuador más Tenembaum posible, jaja).
Esa importancia de la que hablo trasciende, huelga decirlo, la mera competencia para ver quién llega primero a la bandera a cuadros. Y acá el diablo está en los detalles.
Partamos de la base que los veinte tipos que están metidos adentro de esos ataúdes con ruedas no son deportistas, son PILOTOS. Como bien podría ser un piloto de un cazabombardero, ponele. O un astronauta. Y hoy por hoy se entrenan como tales, casi rozando lo inhumano. No solo saltan soguitas o hacen zig-zag a través de conitos. Se someten a fuerzas más allá de lo empírico. Amén de que esta gente tiene un discernimiento REAL de la cercanía de la muerte que no lo tiene, ponele, Messi.
A ver: estas personas se someten, por ejemplo, a agrandarse los corazones adrede. Para sorportar la fuerza g que decíamos al principio y no quedar hechos pulpa se necesita una resistencia inusitada, ¿no? Una mayor pulsación, una mayor irrigación… Ok, la forma básica de generar dicha resistencia es provocándoles colapsos, o sea fibrilándolos. O sea matándolos. Esto es algo que capaz no se dice mucho pero posta, para resistir tenés que estar apto a un nivel físico más allá de lo humano. Y lo “más allá de lo humano” implica básicamente morirte. Entonces no sos solo un piloto, también tenés que volverte un humanoide lo suficientemente apto como para subirte a un auto que va de cero a 100 en un segundo sin que se te rompa el cuello. Y además sostener una velocidad constante durante prácticamente dos horas.
Ahora bien, esto lo hace cualquier piloto. Es como el nivel normie. Y así y todo, ¿por qué Colapinto debería ser algo así como la gema en el barro? O mejor dicho, ¿por qué el argentino promedio está hecho un tarado con Colapinto?
Arrimo el aspecto histórico. La F1 y la Argentina están ligadas casi desde los albores de la competencia y ese lazo tiene nombre y apellido: Juan Manuel Fangio, El Campeón De Campeones. La pasión arrancó con él y jamás se detuvo. A este gen sumale dos o tres gramos de la clásica argentinidad triunfalista y listo, que ahora haya un nene nacido en nuestras pampas atravesando el umbral de los 300 kilómetros por hora implica ponernos en modo neanderthal al toque.
El twist acá es que no somos solo los argentinos que seguimos el automovilismo (hinchando por la escudería que sea, sepamos mucho o no sepamos un sorcho) los que queremos que al pibe le vaya bien. Se trata además de que en tan solo un par de carreras el chabón puso patas para arriba la categoría como hacía rato no pasaba y de un tiempo a esta parte hay muchísima gente en muchísimas partes del mundo que está subidísima a la joda porque apareció un pibe que le chupa un huevo todo excepto correr.
Incluso la mayoría de sus colegas lo bancan. Y eso a priori no es poco. Es más, teniendo en cuenta que son casi todos un atajo de cuellogordos con asperger preocupándose por sus propios ojetes, es hasta INUSITADO.
¿Por qué será eso?
Corte a:
Y así fue cómo me re-enganché a la F1, gracias a la N roja.
Al toque fue obvio que estaba desactualizadísimo: ¡Los autos estaban diseñados de un modo MUY distinto! ¡Lewis Hamilton de pronto igualó a Schumacher en cantidad de campeonatos ganados! ¿Y qué mierda eran esos motores híbridos? Pará, pará, pará… ¡¿Ferrari de pronto apestaba?! Whaaat?? Mucha info nueva por procesar y poco tiempo para hacerlo, así que lo dejaba de fondo mientras dibujaba como quien escucha un audiolibro. Y es entretenido ya que la serie está propuesta dentro de una estructura narrativa como una obra casi de ficción con sus conflictos, sus cliffhangers y sus momentos de tensión. De hecho funciona perfecto como puerta de entrada para aquel que quiera meterse al menos a un nivel superficial.
A finales del 2023 llegué a la Temporada 4, que registra lo que fue el campeonato 2021, quizá uno de los campeonatos más divertidos de los últimos años y que tuvo uno de los finales más vibrantes que se recuerden. Y ahí el entusiasmo escaló de un modo enfermizo. Estaba All-in, bitch. Especialmente porque quería dispersión luego del triunfo de El Papadas. Dame carrerita, lokooo.
Mientras tanto, por fuera de la serie de Netflix y ya con el campeonato del año real en sí, traté de ponerme al día con las carreras pero había llegado tarde, las cartas estaban echadas y Max Verstappen pintaba como tricampeón. Ví las últimas carreras y si bien las disfruté, sin embargo no tenían ese gustito extra que te daría, por ejemplo, el seguir una telenovela venezolana desde el principio.
No iba a pasarme de vuelta.
El campeonato 2024 arrancó en marzo, en el circuito de Barhein. Por supuesto que Ferrari es mi pollo y Charles Leclerq el polluelo al que ponerle todas las fichas por sobre Carlos Sainz, su compañero… igual no me importaba quién ganara siempre y cuando los rojos sumaran puntos. Re-Marge Simpson lo mío, lo sé, jaja
Entonces me apresté tranca palanca a ver la primer carrera del año, matecito en mano. Ví como los autos se iban acomodando, ví la vuelta previa hasta que se ubicaron del todo ya prestos a largar.
Y ahí pasó algo raro. En esa primera fecha, apenas segundos antes de que largaran, de pronto pensé, no sin ironía, “mirá, papá, estoy volviendo a ver a 20 pelotudos dando vueltas en misiles infernales. Chin-chin”. Eso me hizo llorar como un tarado y vuelve a hacerlo ahora mientras escribo esto. Estúpida y sensual F1, cómo vas destapando mierdas sin querer queriendo.
Ahí volvió la liturgia, porsupollo. Al menos cada vez que podía. Volví a levantamente temprano dispuesto a mirar cada parte de cada fecha: pruebas libres los viernes, clasificación los sábados y carrera en sí los domingos. Ya con los mega-avances tecnológicos fue lindo volver porque ahora tenés data de lo que se te ocurra tanto antes, durante y después de cada fin de semana. Tenés chotomil cámaras, tenés telemetría constante, tenés en suma todo el complejo industrial-militar a disposición de una pavada atómica, lo que para mi tonto corazón era como si me encerraran en una juguetería gigante. Obvio que me suscribí a canales de Youtube y a newsletters y cuando decidí volver a Twitter obviamente que se conviertió en un pasatiempo debatir y boludear con seguidores y fanáticos anónimos…
Y lo debatía con anónimos porque a todo esto a la F1 la consumía en secreto.
Salvo uno o dos no tengo amigos fierreros, así que estaba solo en esta. Cada vez que ganaba Fulano o Mengano sentía una vibra especial que sólo una carrera puede darte… y nada, simplemente me la guardaba para mí. No puedo explicar realmente por qué, pero de pronto ese “costado oculto” que se inició como un chiste entre gracioso y tarado (porque vamos, ¿a quién carajo le importa que banque la F1?) de pronto me caía simpático y era incluso hasta más divertido ese aspecto que el entusiasmo que me despertaban las carreras en sí. Salvando las distancias, era como llevar puesta una tanga en una reunión de consorcio, jaja. Bastante tonto, lo sé, pero no me pidas que refunda la filosofía, ameo.
Así las cosas, el campeonato 2024 venía interesante pero tampoco pa’tanto. Se suele decir que las primeras seis carreras son las que cuentan, pero en esencia toda la primera parte del año es un lleve y traiga de expectativa y apreciación más pasiva, ponele, ya que hay que tener en cuenta que son 24 carreras en total y la cosa puede cambiar fecha tras fecha hasta que los puntos se van sumando, los accidentes van ocurriendo, las rivalidades pajueranas van apareciendo y ahí sí se pone interesante la cosa.
Así que desde mi lado era todo medio meh, para qué engañarte. Seguía el ritualito chocho de contento pero entre eso y los aconteceres de la vida nisman mi entusiasmo comenzaba a menguar.
Hasta que en un momento determinado Logan Sargeant terminó de inflarle las pelotas a los de Williams por ser un rompecoches nauseabundo y básicamente le dieron un puntín en el orto, por menso.
Empezó a correrse la voz de que un jovencito de Pilar podría suplantarlo…
Corte a:
¿Que por qué hasta los mismos colegas bancan a Colapinto? Entre otras cosas, por este detalle: el sábado 23 a la madrugada, segundos antes de hacerse pija en Las Vegas, Franco llevaba el mejor Sector 3 de la Q2 hasta llegar a la frenada sobre Las Vegas Boulevard y con el tow de Gasly marcó ahí en esa recta la velocidad más alta que se registrara históricamente en ese circuito: 356,4 Km/h.
Y todo eso manejando el auto más pete posible.
Sí, ya sé que lo anterior suena medio enrevesado, pero resumámoslo en que lo que estaba haciendo antes de chocar era simplemente genial.
Veamos: los pilotos tienen sus dimes y diretes, sus yeites y mañas, sus formas de encarar el deporte. Los hay más fríos y calculadores, los hay más pasionales y carajeros… En fin, creo que no me equivoco si digo que en todo este grupete de imbéciles los que casi siempre sobresalieron fueron los kamikazes, los que están bajo la consigna de Triunfo o paredón, champán o suero. Son los motherfuckers suicidas adictos a la adrenalina los que prevalecen. Con lo poco que demostró, y por cómo fue el accidente del sábado, Franco claramente se incluye entre éstos. Y de ahí viene el respeto de sus pares. TODOS se dieron cuenta que el pibe tiene pasta.
El tema es que la pasta de campeón pocas veces puede coincidir con el hecho de que la F1 te habilite a ser, efectivamente, campeón. Pasan chotomil cosas en el medio y la F1 en muchos sentidos es una cagada absoluta porque de última son viejos vampiros depredándolo todo, es el capitalismo en su máxima expresión y ya desde el vamos es una de las mierdas más competitivas y meritocráticas que existen: si la cagaste en tal o cual carrera eso va mellando tu reputación y las expectativas se van reduciendo. Tenés que estar todo el tiempo over-the-top porque sino sos el ser más descartable del planeta.
Así, Colapinto se posicionó como La Joven Promesa y en muy poco tiempo muchas escuderías empezaron a verlo con ojos en forma de simbolito de pesos por su pegada a nivel redes sociales, por sus sponsors y porque el tipo tiene ese carisma de porteñete canchero que va desde la ternura hasta el cringe total. Pero entre la carrera de Brasil (donde rompió auto tanto en clasificación como en la carrera en sí) y el desconche que hizo el sábado, empiezan las dudas y los replanteos. Especialmente introyectivos. Estamos hablando de un pibito que ni siquiera terminó la secundaria que le toca soportar la presión de los managers, de Williams, de los sponsors, de las posibles escuderías que puedan ficharlo para el año que viene, de los millones de dólares que gastó rompiendo autos, del público en general y del hecho de que de pronto todo un país ultra-toxi salió a bancarlo de la nada… El burnout que debe estar teniendo el flaco en estos momentos debe ser increíble.
Corte a:
Niempedo haría un comic sobre la F1. Bah, no sé, podría ponerle onda pero me conozco y sé que en el proceso me voy a morir de ganas de mandarme un Tetsuo The Iron Man con ruedas y mande todo al carajo, jaja. En fin, no tengo al deporte dentro de mis prioridades narrativas o temáticas, al menos de momento.
Igual por más que lo hiciera (y si fuera full mercenario y quisiera ganar guita con eso) intuyo que la idea sería inviable para los editores mismos: no hay muchos comics deportivos lo suficientemente relevantes como para que haya un nicho asegurado, por fuera del boxeo o de las artes marciales. Eso si descartamos el manga, por supuesto. Supercampeones o Slam Dunk estarán ahí arriba en el panteón para siempre como hermosas historias tanto dentro del género deportivo como para hablar de la condición humana. Y vaya que los ponjas sí le meten toda la carne al asador al spokon y los amo por eso. No como los franceses que son unos pechugas y hacen un comic sobre las 24 horas de LeMans del modo más imbécil y aburrido posible, jaja
Por eso, ponete a pensar: si vos sos un lector de comics hardcore dame un top 5 de libros relacionados al automovilismo. Ojo, no estoy hablando de comics de carreras con cierto grado de fantasía porque de esos hay un montón; me refiero a comics estrictamente hechos desde cierto realismo o 100% desde la pasión a una categoría como la F1 o IndyCar o Nascar. Yep, ¿viste? Ponele que dos, como mucho.
En fin, igual esto de hacer o no un comic de autitos me es irrelevante por dos razones. La primera es que lo que quiero y pretendo de la F1 es que sea algo que no tenga nada que ver conmigo y que igualmente la pueda apreciar con toda su magnificencia y con sus defectos y virtudes y anomalías y contradicciones y alegrías. Eso es algo que me entusiasma incluso en un día random: pongo la carrera de Belgica de 1998 y vuelvo al tablero con cierta renovación espiritual.
La segunda razón es más importante: no todo es monetizable, no todo es instagrameable, no todo tiene que ser materia prima para libros ni para ostentar nada. Debemos naturalizar que no todo es público ni que estamos en un diario íntimo a cielo abierto. Me costó mi buena libra de carne tratar de separar esa clase de cosas así como relajar, resignificar… Y justo gracias a la F1 siento que mis intereses, por más pedorros que sean, de alguna forma me convocan más allá de la alienación que implica estar produciendo obra.
Por lo pronto si llegaste hasta acá dejame decirte que me encuentro escribiendo esto que no tenía por qué escribirlo y me siento muy bien haciéndolo. Y también me siento bien declarándome fan de la F1, por más que sea una estupidez supina.
También me siento bien yéndome al carajo con un arrime de conclusión con respecto a la “fiebre Colapinto”. Y esa fiebre es explicable desde el sentido de que somos un país bien de mierda en muchos sentidos pero que el deporte en cualquiera de sus formas nos vuelve tan orates por un lado como capaces de discernir una epifanía inalcanzable por el otro. Y esa epifanía colectiva consiste en que gracias a un equipo de 11 futbolistas o 5 basketbolistas o un nene lleno de granos con un motor infernal a sus espaldas podemos generar una masa crítica inaudita que evade cualquier tipo de discusión. La fiebre Colapinto es un modelo a escala de esa pasión desbocada y hasta iracunda que nos hace explotar cuando a “uno de los nuestros” le va bien.
Es que vamos, Argentina es Hulk. Es un país que despierta en cuanto le tocan el culo. Sí, coincido, nomás nos faltaría discernir que esa energía podría ser sublimada a otros ámbitos, por ejemplo el político. Pero Hulk smash puny humans, loco. No tenemos discernimiento, no tenemos raciocinio, no tenemos inmanencia excepto en la voracidad de avanzar así nos vaya bien o así nos hagamos bien mierda contra una paredón con una fuerza tan tremenda que puede que nos deje idiotas para todo el viaje.
Y acá viene lo más loco: para bien o para mal, al toque que las estrellitas y los pajaritos dejan de orbitar sobre nuestras cabezas… vamos y lo hacemos de vuelta. Capaz mejor, capaz peor. Eso jamás lo sabremos. Pero lo hacemos. Y lo hacemos con lo que tengamos a mano.
Y Colapinto en ese sentido es el representamen de lo más argentino que existe.
¿Y qué es ser argentino? Es ser un cochino suicida que no tiene dramas en estamparse contra un muro con una hermosa sonrisa.
Corte a:
Más o menos alrededor de las 20hs la junta médica dio el OK para que Franco corra esta noche. Williams mientras tanto declaró que el auto va a estar a punto, aunque con los tuneos y añadidos que tuvieron que hacerle va a tener que largar desde el pit-lane, es decir desde los boxes, el fondo de la olla total.
Ahora son las 2 y media de la mañana del 24 de noviembre. La carrera arranca en media hora, tengo mucho sueño y estoy medio en pedo. Pero no me importa nada, un pibito de 21 años va a arrancar desde el fondo con todo en su contra. Con todo a su favor.
Chin-chin, papá. Feliz cumpleaños.
(to be continued…)
- Autorreferencia|F1
- 08/12/2025
